… la dictadura del dios mercado?
Las palabras “…la dictadura del dios mercado” me recuerdan las civilizaciones primitivas que creían en un dios de la lluvia. En cierto sentido no hemos progresado mucho desde entonces. No sé cuantas veces he presenciado tremendas discusiones acerca del “mercado” (en particular del “libre mercado”), donde es obvio que ni los que lo están defendiendo ni los que lo atacan tienen la menor idea de lo que están hablando.
Vivimos en sociedad y esto implica que hay muchas interacciones entre nosotros. El mercado no es más que el conjunto de todas esas interacciones. No es necesario que una interacción involucre dinero para que sea parte del mercado: si ayudo a un amigo a cambiar la llanta ponchada de su coche, esa interacción entre nosotros también es parte del mercado.
En la segunda mitad del siglo XVIII un Escocés llamado Adam Smith se dedicó a analizar esas interacciones para intentar determinar en qué casos nos permitían lograr un mejor nivel de vida para todos. Uno de sus principales descubrimientos fue que el mercado tiene lo que ahora llamamos un “comportamiento emergente”.
Un comportamiento emergente es un comportamiento global que se genera únicamente a partir de puras interacciones locales. Por ejemplo, las moléculas de aire tienen un comportamiento dictado por las leyes de la física y todas las interacciones entre ellas son puramente locales. Ninguna molécula de aire puede afectar a distancia a otra molécula. Sin embargo, es común que un gigantesco número de estas moléculas se mueva simultáneamente a gran velocidad y todas en la misma dirección. Cuando ocurre esto decimos que hay “viento” (o hasta tornado o huracán). El viento no es más que un comportamiento emergente.
Al analizar este comportamiento global del mercado, Adam Smith descubrió que en muchos casos lograba automáticamente una distribución excelente de los recursos, la cual llevaba a una mejora significativa del nivel de vida para todos los involucrados. También identificó casos en los cuales este comportamiento emergente podía perjudicar a otros, principalmente a terceros que no estaban directamente involucrados en ciertas interacciones.
Lo importante es estudiar cómo surge un comportamiento global a partir de puras interacciones locales y poder determinar en que casos ese comportamiento emergente es deseable o indeseable.
Cuando el comportamiento emergente es deseable ganamos mucho, ya que es automático, no tiene ningún “costo administrativo” y maximiza nuestras libertades.
Cuando el comportamiento emergente es indeseable tenemos un enorme problema. Obviamente no podemos simplemente dejar que ocurra, pero el problema no sólo está en tomar esa decisión. El punto crítico es que ¡no tenemos algún “switch” para apagar el comportamiento emergente! Es decir, no es simplemente una cuestión de decidir emplear otro sistema en vez del comportamiento emergente. El sistema que decidamos emplear tiene que combatir los aspectos no deseables del comportamiento emergente.
Algunos de los puntos realmente importantes a estudiar y discutir son:
1. ¿Cuales aspectos del comportamiento emergente son deseables y cuales son indeseables?
2. ¿Existe una asignación de los recursos que nos permita minimizar los aspectos indeseables sin perjudicar demasiado a los aspectos deseables?
3. ¿Tenemos algún mecanismo que permita lograr esa asignación de recursos?
Notas:
A. Mi definición de mercado es mucho más amplia que la que emplean la mayoría de los economistas. Esto se debe a que muchos economistas sufren de algo comúnmente llamado “physics envy” que consiste en querer duplicar los resultados obtenidos en física por medio de las matemáticas. Y creen que para poder usar matemáticas es necesario ponerle números a todo. Por lo tanto se limitan a las interacciones en donde se encuentra involucrado el dinero. Y ni siquiera toman en cuenta todas las interacciones que involucren dinero, únicamente toman en cuenta las que son “fáciles de medir” ¡Independientemente de si realmente son lo que deberían de estar midiendo! A pesar de hablar mucho acerca de Adam Smith pocos son los que siguen su recomendación: “Don’t confuse money with wealth”.
B. Cuando los políticos hablan de “libre mercado” por lo general están refiriéndose a atrocidades como el TLC que no tienen absolutamente nada que ver con un mercado realmente libre.







